Conferencia “Cómo hablar en público”

El 9 de octubre, Juan Alberto González impartió su ponencia sobre CÓMO HABLAR EN PÚBLICO, en la Facultad de Economía de Elcano. El objetivo que se quería alcanzar, era explicar a los asistentes cómo mejorar e iniciar esa actividad. Hablar en público, no consiste solo en impartir conferencias o dar clases.

Lo hacemos continuamente. En la empresa, con los trabajadores y en las reuniones de dirección, con los clientes y proveedores para convencerles, con argumentos, de lo que queremos conseguir, con los bancos e Instituciones, con la familia, amigos, etc.

¿Y cómo podemos conseguirlo? A lo largo de la ponencia, se tratan temas como el miedo escénico, cómo se debe actuar, cómo nos ven los que nos escuchan, cómo iniciar y terminar el discurso o la intervención.

De hecho, ésta es una parte muy importante. La apertura indica lo que se va a decir y la conclusión resume lo que se ha dicho.

El lenguaje a emplear, es fundamental, en función del tipo de asistentes. Se puede decir lo mismo, pero con distintas palabras. No es lo mismo hablar para expertos, en los que se puede, y se debe, emplear un lenguaje técnico, que para gente no experta. En este caso hay que explicar en un lenguaje sencillo, pero sin abandonar el rigor técnico, la materia de la que queremos hablar.

Es importantísimo cuidar las expresiones de despedida. Hay un error, bastante común, en terminar empleando frases como pidiendo excusas. Frases como “Mi tiempo se está acabando”, “Veo que se están cansando”, “No quiero aburrirles por más tiempo”. Las he oído en alguna ocasión y dan una impresión malísima del ponente.

La naturalidad es muy importante, porque transmite seguridad y confianza, porque, a veces, los nervios pueden dar una imagen negativa. Gestos como ponerse la mano delante de la boca, meterse las manos en los bolsillos, mover los papeles de un lado a otro de la mesa si se está sentado, tocarse la cara, la oreja, la nariz o el pelo, abrocharse o desabrocharse los botones la chaqueta, que se hacen de forma involuntaria, denotan debilidad, que hay que evitar.

El volumen de voz, las pausas, las interrupciones o preguntas, son temas que hay que dominar. A veces, sobre todo al dar clase, es difícil acallar los murmullos. Hay un truco para conseguir que se callen. NUNCA se debe elevar el volumen de voz, porque no se va a conseguir ganar al colectivo. El truco consiste en BAJAR EL VOLUMEN DE VOZ, de forma que los asistentes no se enteren de lo que dice el ponente o el profesor. De hecho, serán los propios asistentes los que pidan que se terminen los murmullos y conversaciones.

Uno de los fallos en que suele incurrir el orador no experimentado, es el del cálculo del tiempo del que dispone para exponer su discurso. O bien termina antes o no le da tiempo a acabar su exposición. Eso da una imagen fatal. Por eso, es bueno tener en reserva, algo, como anécdotas o experiencias propias, para dar mayor credibilidad a lo que se ha expuesto, en el caso de terminar antes de tiempo. Pero peor es que se acabe el tiempo y no se haya acabado la exposición del tema. Hay que tener mucho cuidado en este tema.

Es fundamental que la impartición sea amena y dinámica, por ejemplo, cambiando las inflexiones de voz, contando experiencias propias o ajenas. Para terminar, es interesante hacer un breve resumen de lo que se ha expuesto, resaltando los puntos más importantes.

Resumiendo, el final es como un buen postre después de una comida. Si el postre es bueno, aunque la comida no haya sido perfecta, nos queda buen sabor de boca, pero si el postre falla, aunque la comida haya sido buena, la sensación final no es agradable.

Juan Alberto González Cenzano

Economista. Senior de SECOTBizkaia

 

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