Ante la bajada de los tipos de interés por parte del BCE y la previsible de la Reserva Federal (FED), principalmente, y otros Bancos Centrales, cabe preguntarse cómo afectarán esas bajadas futuras a la economía de las empresas, especialmente las más endeudadas, y a los particulares, además de a las inversiones en Renta variable y Renta fija en las Bolsas y, por supuesto, a las deudas de los países que cada vez son más elevadas.
Vamos a intentar aclarar estos conceptos.

Empresas, países y particulares
En primer lugar, hay que distinguir dos escenarios. Por una parte, está la deuda existente por la que se están pagando ya unos interesas. Al bajar los tipos, existe la posibilidad, en especial para los países, de obtener financiación más barata y poder amortizar parte de la deuda con intereses más altos, con lo cual reducen los gastos. Esto es muy importante también para las empresas más endeudadas, en especial las que cotizan en Bolsa, porque así puede mejorar su cotización.
En segundo lugar, al bajar los tipos y poder acceder a una financiación más barata, puede animar a solicitar nuevas financiaciones y animar a los clientes, tanto empresas como particulares a emprender nuevas actividades, tanto empresariales, como, especialmente, en el mercado hipotecario, además de estimular el consumo.
En tercer lugar, y no menos importante, lo que en principio podía afectar negativamente a la cotización en Bolsa de las entidades financieras, el aumento de la actividad puede compensar, en todo o en parte, esa bajada de tipos.
Bolsa: cómo afecta a la renta variable y fija
Una de las consecuencias de la variación de tipos es la cotización de los valores en Bolsa. Y esto no afecta solo a los bancos sino también a las empresas que cotizan en Bolsa y a la Renta fija.
Uno de los axiomas que se suele manejar en Bolsa es que cuando los tipos suben, la Renta variable baja y la Renta fija se beneficia y cuando los tipos bajan, el dinero de la Renta fija se puede trasladar a la Renta variable.
Esto necesita una explicación:
Para calcular el valor de una Compañía o de unos bonos, se suele utilizar esta sencilla fórmula: Valor=Precio/interés.
Veámoslo con unos ejemplos sencillos:
En la Renta variable se calculan los futuros flujos de ingresos. Cuando son a muy largo plazo, por ejemplo, aquellas compañías que no tienen ingresos o tienen pocos, pero esperan muchos más a futuro, estas son las compañías growth. Si tenemos un precio de 1000 euros a un tipo de interés del 2%, el valor actual de esa compañía sería 50.000 euros. Si el tipo de interés baja al 1%, el valor se doblaría hasta los 100.000. Una rebaja de un punto porcentual en los tipos hace subir el valor del activo, con lo que las compañías growth serán las más beneficiadas.
Si hablamos de la Renta fija, el procedimiento es parecido, pero la interpretación es diferente en general. Veámoslo con otro ejemplo.
Supongamos que tenemos unos bonos por valor de 10.000 € a un 3% de interés y un plazo de 20 años. Ello significa que durante ese período vamos a percibir unos intereses anuales de 300 €. Si ahora se emiten unos bonos a un 2% de interés, significa que para obtener unos intereses anuales de 300 €, se necesitarían invertir 15.000 €. Esos bonos de 10.000 € al 3% de interés tendrían una valoración de mercado superior a su precio, hasta los 15.000 € en que se igualaría el valor. El propietario de esos bonos los podría vender a un precio mayor que el de compra, en función del tiempo que quedara hasta su amortización. A mayor plazo, mayor precio.
Si, por el contrario, el interés subiera hasta un 4%, significaría que para obtener unos intereses de 300 €, solo habría que invertir 7.500 €, con lo que el valor de esos bonos se depreciaría.
En definitiva, lo que busca el inversor es aumentar su rentabilidad y las oportunidades pueden estar, especialmente en el caso de la Renta fija, como los bonos, tanto en las nuevas emisiones como en las ya existentes.
En general, en el caso de los bonos, en especial los de mayor largo plazo, sus precios son más sensibles a los cambios en las tasas de interés. Así, como resumen, se puede decir que cuando los tipos bajan, los bonos aumentan su valor y cuando suben, se ven perjudicados porque su valor disminuye.
Pero esto no significa que no haya oportunidades de rentabilidad en la Renta fija, jugando con bonos a corto plazo inferiores a 5 años, porque en plazos mayores se pueden producir variaciones en ambos sentidos en función de la marcha de la economía, especialmente como consecuencia de la evolución de la inflación, objetivo que los bancos centrales tienen muy en cuenta.
Trasvase de fondos de la renta fija a la renta variable
Cuando los tipos de interés bajan, la rentabilidad de los bonos disminuye y ello hace que los inversores se atrevan a arriesgarse más para obtener mejores rentabilidades.
Por ello, pueden decidir que les interesa más invertir en renta variable, es decir acciones, bien sea por inversión directa de compra de acciones concretas o a través de los Fondos de inversión, que, aunque puedan tener menor rentabilidad, ofrecen mayor protección frente a la volatilidad del mercado.
Ello no significa que estén exentos de riesgo, ya que el invertir en Bolsa siempre supone un riesgo, sino que la exposición al mismo puede variar. Por eso se dice que hay distintos tipos de inversores, desde el más agresivo, que se la juega más, hasta el más conservador, que no quiere correr tanto riesgo.
Uno de los errores más habituales de muchos inversores pequeños es creer que la expresión Renta fija, indica seguridad, lo que no es cierto. Lo que significa, por decirlo de una forma sencilla, es que los intereses que va a percibir por su inversión están ya definidos y eso no varía. Pero el valor de su inversión sí puede variar. Lo podemos ver con un ejemplo sencillo.
Las Letras de Tesoro son un instrumento financiero muy popular y demandado por su atractiva rentabilidad generalmente. Se considera un instrumento seguro y sin riesgo. Pero hay que matizar. Si se compran en el momento de su emisión y se espera hasta su amortización final, sí son seguros y se va a cobrar el precio establecido.
Pero hay dos variantes. Si se compran en el mercado secundario, la Bolsa, después de su emisión, el precio va a ser distinto, mayor o menor, en función del momento en que se compre. De igual forma, si se compra en el momento de la emisión o en Bolsa, y se amortiza ANTES de su vencimiento, el precio dependerá de la cotización del mercado, por lo que sí puede haber un riesgo, que puede ser positivo o negativo sobre el precio de compra.
En cualquier caso, habrá que esperar a las decisiones de la FED, en primer lugar y del BCE, posteriormente, para ver las consecuencias y estrategias que los inversores van a tomar para defender sus intereses.
Como comentario final, se puede decir que las modificaciones de los tipos de interés por parte de los Bancos Centrales, afectarán de distinta forma a los inversores, empresas, países y particulares que estén endeudados, pero cualquiera que sea la variación, pueden ofrecer oportunidades a los que conocen el mercado, en la medida en que ello sea posible, ya que la seguridad no existe nunca en la Bolsa.
Autor: Juan Alberto González Cenzano
Economista. Senior de Secot Bizkaia.
